Work, work, work

Después de pasar 7 meses desempleado (y abrumado), Vincent consigue una entrevista de trabajo
en la que le va bien. Se sentía nervioso porque no confía tanto en su recientemente aprendido
español, pero la empleadora le habló en inglés. La empresa le expresa que lo quiere contratar, pero
para ello tiene que presentar una serie de papeles que termina por abrumarlo: DNI y N° de CUIT.
¿Por qué algo tan sencillo como un Documento de Identidad Nacional puede ser determinante para
un migrante?


Foto: Logo de la Dirección Nacional de Migraciones

Los principales afluentes de inmigración en nuestro país vienen de los países aledaños:
Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Uruguay. También un importante número de venezolanos se ha
radicado en nuestras ciudades en los últimos años. Sin embargo, no son los únicos: también
contamos con un número significativo de migrantes asiáticos, africanos,  musulmanes y de
países no aledaños o no beneficiados por el Tratado del Mercosur. Ese es el caso de Vincent
(que cuenta con ciudadanía estadounidense) y ahí es cuando las cosas se complican.

Para ser un migrante regular (contemplado en el cuadro legal) o Residente Temporario hay
que cumplir una serie de requisitos formales, muchas veces de difícil acceso (como por
ejemplo: certificado de antecedentes penales del propio país al día, o tener algún servicio a su
nombre) y presentarlos ante la oficina de migraciones más cercana, que siempre estará
atiborrada de gente. Además, si uno viene de un país no-Mercosur o desde fuera de
Sudamérica, deberá presentar otra dificultosa papelería que demuestre el motivo por el cual el
individuo migra a Argentina.

Eso es sólo el proceso para obtener una residencia. Luego, estará en ellos conseguir el tan
ansiado trabajo en blanco. Pero muchas veces los migrantes vienen, se quedan, viven y
trabajan en situaciones irregulares, porque no cuentan con los requisitos formales para
obtener una situación regular, ni tienen tiempo para perder en las largas horas de oficina, ni
dinero para perderse días de trabajo haciendo largos trámites, ni ánimos, o a veces incluso
hasta desconocen del sistema formal de migraciones.

“Vince” tuvo que decir que no. Que no podía aceptar la oferta laboral porque fue a un abogado
de migraciones y le dijo que iba a ser imposible tener la papelería al día en un mes o mes
y medio. Porque habló con otras personas y le aseguraron que es un proceso lento y arduo,
que le llevaría al menos otros 6 meses conseguir esos tan ansiados DNI y N° de CUIT. El
profesional de la ley también le explicó que si quería un permiso de residencia podría ser
perjudicial trabajar en negro o verse en situación migratoria irregular. Y le advirtió que quizás la
mejor opción era casarse con su novia de ciudadanía argentina. ¿Casarse para conseguir un
permiso de residencia para poder tener un trabajo en blanco? Pareciera ser que la cuestión no
es tan fácil ni azucarada para los migrantes en Argentina.

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